Si has pedido presupuesto en tres sitios, te habrán dicho 300 €, 1.200 € y 4.000 €. Y los tres decían «una página web». Vamos a ver qué hay detrás de cada número.
Lo que te vas a encontrar
Hacerla tú con una plantilla · 0 a 200 € al año
Las plataformas de «házlo tú mismo» funcionan y son baratas. El coste real no es el dinero: son las tardes. Entre elegir plantilla, pelearte con los textos y colocar las fotos se van muchas horas, y la mayoría de estas webs se quedan a medias. Si tu tiempo vale dinero —y si eres autónomo, vale—, echa la cuenta.
El conocido que «sabe de esto» · 0 a 300 €
Suele empezar bien y acabar mal. No porque no sepa, sino porque no es su trabajo: te la hace cuando puede, y cuando quieres cambiar un teléfono seis meses después, ese conocido tiene otras cosas. Ojo también con a nombre de quién queda el dominio.
Autónomo o estudio pequeño · 400 a 1.500 €
Es la horquilla normal para un negocio de oficio. Por ese dinero deberías tener una web hecha para ti, adaptada al móvil y con alguien a quien llamar cuando algo falle.
Agencia · 2.000 a 8.000 €
Tiene sentido si necesitas tienda online, reservas, mucho volumen o una marca muy trabajada. Para un fontanero de pueblo, casi siempre es pagar por cosas que no vas a usar.
Lo que no sale en el presupuesto
El precio de hacerla es solo la mitad. Cada año hay:
- Dominio: entre 5 y 30 € al año según sea .es o .com.
- Alojamiento: lo normal para una web pequeña son unos pocos euros al mes.
- Mantenimiento: aquí está el rango salvaje, de 0 a 100 € al mes.
Y hay dos preguntas que hay que hacer antes de firmar nada, porque son las que dan disgustos:
¿A nombre de quién queda el dominio? ¿Y qué pasa si un día me quiero ir?
Si el dominio queda a nombre de quien te hace la web, esa web no es del todo tuya. Que quede a tu nombre desde el primer día. Siempre.
¿Y cuánto debería costarte a ti?
Para un negocio de oficio —fontanero, electricista, carpintero, cerrajero, reformas— con una web bien hecha basta. Una página que explique tus servicios, tu zona, enseñe tus opiniones de Google y tenga el botón de llamar y de WhatsApp siempre a mano.
Todo lo que sea muy por debajo, mira qué falta. Todo lo que sea muy por encima, pregunta qué te están cobrando exactamente.
La prueba que lo aclara todo
Hay una forma fácil de salir de dudas: pide verla antes de pagar. Si alguien es capaz de enseñarte cómo quedaría tu web antes de cobrarte un euro, se acabó el problema de comparar presupuestos a ciegas. Ya no compras una promesa: compras algo que estás viendo.