Vamos a empezar por darte la razón: si tienes una ficha de Google bien puesta y el teléfono sonando, no estás haciendo nada mal. Muchos negocios de oficio viven años así y les va bien.
Pero hay una parte que no se ve, y es la que nos interesa.
Google te trae la llamada. La web hace que te elijan
Cuando alguien tiene una urgencia y busca «fontanero» en su pueblo, Google le enseña tres o cuatro fichas. Hasta ahí, bien: tú puedes ser una de ellas.
Lo que pasa después es lo importante. Si el trabajo es pequeño y urgente, llama al primero y ya está. Pero si el trabajo es de los buenos —una reforma de baño, cambiar la instalación entera, una cocina—, ahí nadie llama a lo loco. Ahí la gente mira. Y cuando mira, compara.
El cliente que se gasta 300 € no investiga. El que se gasta 6.000 €, sí. Y ese es justo el que quieres.
Si al comparar encuentra a uno con web, con sus trabajos, con sus servicios explicados y sus opiniones a la vista —y a ti solo te encuentra un teléfono—, no es que le caigas peor. Es que el otro le da menos miedo.
La ficha de Google no es tuya
Esto casi nadie lo piensa. Tu ficha de Google es de Google. Ellos deciden cómo se ve, qué enseñan, qué competencia te ponen al lado y qué anuncios salen encima. Mañana cambian el diseño y a ti no te preguntan.
Tu web sí es tuya. Y el dominio, si está a tu nombre, también. Es el único sitio de internet donde mandas tú.
Y encima se ayudan la una a la otra
No es web o Google. Es que la ficha de Google funciona mejor cuando tiene una web detrás: le da a Google más información sobre quién eres, qué haces y dónde trabajas. Los negocios que tienen las dos cosas suelen aparecer mejor colocados que los que solo tienen ficha.
El caso del WhatsApp
El WhatsApp es tu mejor herramienta para hablar con el cliente. En eso no hay discusión: el cliente de oficio no rellena formularios, escribe. Pero el WhatsApp solo funciona con quien ya tiene tu número. Al que no te conoce, no le sirve de nada.
Por eso en las webs que montamos el botón de WhatsApp está siempre a la vista: la web es para que te encuentre el que no te conoce, y el WhatsApp para que te escriba sin pensárselo.
Entonces, ¿la necesitas?
Si vives de trabajos pequeños y urgentes en un pueblo donde todo el mundo te conoce, puedes aguantar mucho tiempo sin web.
Si quieres los trabajos grandes, los clientes que comparan y los que aún no te conocen, entonces sí: te estás dejando dinero por el camino. Y ni siquiera te enteras, porque el cliente que no te llama no te avisa de que no te ha llamado.